Amarga espera 

 

Entre la luz del foco y la consulta,

mi voz apenas tiembla en la pregunta.

El médico pronuncia voz serena,

y deja en el silencio oscura pena.

“Hay algo nuevo, debemos mirar”,

y empiezo sin remedio a naufragar.

 

Se abre un corredor de días sombríos,

un túnel sin descanso ni desvíos.

La espera es un latido detenido,

un péndulo clavado en lo temido.

No sé si es sombra leve y pasajera,

o filo gris que todo lo lacera.

 

Me quedo en el hospital, vencido,

bajo un neón constante y encendido.

Mi esposa finge calma entre sus manos,

mas tiemblan, como tiemblan los humanos.

Mi hija, con los ojos anegados,

pregunta sin decir lo ya pensado.

 

Y duele más su llanto contenido,

que el mal aún incierto y no vencido.

Me hiere ver su fe desmoronarse,

su frágil esperanza quebrantarse.

Quisiera ser muralla frente al viento,

y soy apenas carne y desaliento.

 

La noche es una sala interminable,

donde el reloj martilla implacable.

Imagino dictámenes severos,

quirófanos y fríos venideros.

Hasta que llegue al fin la voz certera,

que dicte si es tiniebla o primavera.

 

JBG 2026