Origenes Toledo ciudad de mil auroras

 

Antigua fuiste, Toledo,

cuando el mundo aún balbuceaba su nombre,

cuando el río Tajo, en su infancia de espejos,

aprendía a doblar el reflejo del sol entre sus hondos bordes.

 

Dicen que Túbal, nieto del Diluvio,

puso la primera piedra sobre un sueño,

y que Noé, cansado de mares,

vino a mirarte desde los montes verdes de Galicia.

 

Reinaron Íbero y Tago,

dejando nombres como semillas en la tierra,

y el río, crucificado por la guerra,

lleva su memoria en su rumor de espada vieja.

 

Otros juran que Hércules, el errante,

hizo en tus entrañas una cueva de fuego,

para guardar la copa de Helios,

y enseñar a los hombres la magia y el secreto.

 

Roma te llamó Toletum,

y su hierro fundió tus piedras,

pero antes ya eras madre de pueblos,

caput Celtiberiae, trono de la meseta eterna.

 

También los sabios del exilio contaron,

que en tus muros lloraron los hijos de Sefarad,

y que Salomón te soñó de oro y de canto,

mientras la reina Makeda miraba el Tajo en paz.

 

Oh ciudad de nombres y de sombras,

de griegos, judíos y profetas errantes,

cada piedra tuya es un tiempo,

cada torre, un eco de sangre distante.

 

Toledo, espejo del cielo antiguo,

tierra de leyendas y de edades,

donde la historia no tiene principio,

ni la memoria, finales.

 

JBG 2016